Reportaje
LOS PASOS DE UN DISCAPACITADO
Por: William Alberto Almanza Posada
Al transcurrir diariamente por las calles de Ciénaga de Oro, es fácil encontrarse con sinnúmero de vendedores ambulantes que recorren todos los lugares del pueblo, como vendedores de frutas, jugos, fritos, entre otros tipos de comidas. Al caminar regularmente por las travesías del pueblo es más fácil chocarse incontable número de veces con el señor Wilson, quien deambula día y noche por los alrededores de Ciénaga de Oro, más conocido como Flórez, "el cieguito".
Este señor quien puede tener algunos 38 años de edad, es de estatura baja, piel morena y su vestimenta es bastante ancha.
Wilson carece de vista hace mucho tiempo por lo que se le dificulta ver lo suficiente, pero más sin embargo este señor, se desempeña como vendedor de frutas. La carreta de Flórez, el cieguito esta toda descolorida, oxidada, sucia y vieja parece haber resistido los estragos del tiempo y solo cuenta con un par de llantas, tablas en buen estado y una ponchera cargada de naranjas.
"Llevo la naranja dulce..., doce en dos mil", es lo que grita por las calles, en ese preciso momento se le arriman tres niños entre los cinco y cuatro años, mientras que los otros clientes de Flórez solo se aprovechan de su condición para quitar cualquier fruta que este en esa vieja porcelana, pero no cuentan con el cieguito solo ve lo necesario, como para ponerle la mano y decirle “deja las naranjas quietas si no me vas a comprar” rechina con su voz gruesa.
Al mediodía cuando los rayos ultra violetas se vuelven intensos y el calor es más sofocante Wilson llega a la acera más cerca, ubica a un lado la carretilla y se recuesta en cualquier corredor a descansar y a comer el almuerzo que carga en una porta-comida de color verde, descansando alrededor de una hora.
El agotamiento y el cansancio de caminar medio pueblo se vuelve intenso cada vez más, la venta de naranjas aumenta y ya casi Flórez cree terminar la venta del día.
Wilson no desiste del número de veces que pasa por el mismo lugar y no se da por vencido, moviendo la cabeza de izquierda a derecha logra ubicarse en cada parte del pueblo, aunque para muchos Flórez esta cieguito ya no ve en lo absoluto.
El día transcurre bastante caluroso y Flórez sigue caminando, sigue con la venta de naranjas, el ruido de las motos cada vez es más insoportable, el polvo en sus ojos y el tráfico aumenta a eso de las dos de la tarde. El inarmónico pito de una moto rechina en sus oídos, era el viejo Carlos que pasó de prisa gritándole muy cerca "apártate viejo Flórez".
En una de esas eternas y largas caminatas, Flórez ya está cansado y el agotamiento llega a su cuerpo, decide ir directo al mercado del pueblo y estacionarse en un lugar específico para ver si así logra vender y culminar su día de labores, no obstante de la situación ya empezó a desesperarse, ya la noche empezaba a caer y Flórez aun no acababa con la venta, el murmullo de la gente, los vendedores y clientes comenzaban al volverse fastidioso gritándole a Flórez que dejara las ventas para el día siguiente.
Ignoraba los gritos, lo malos comentarios, solo le importaba terminar de vender, pues para él era más importante llevar dinero a su casa.
Al caer la noche y oscurecer cada rincón del mercado se empezaban a encender las lámparas del alumbrado público para Flórez era indicio de que ya era tarde y debía emprender camino a casa.
Al llegar a su humilde y pequeña vivienda a Flórez lo recibe un perro, de color negro, patas cortas, cuerpo largo, orejas muy grandes y bastante peludas, cualquiera que visita a Flórez se preguntaría algunas mil seiscientas treinta y seis veces de donde saco ese pequeño cachorro que no deja de lamerlo hasta entrar la carreta.
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