jueves, 6 de noviembre de 2014

EL CARNICERO 



Sabía que lo que estaba a punto de vivir, iba a ser abrumador… 
Me recibe en el lugar una mujer de unos 40 años, en ese momento sin ni siquiera mirarme a los ojos me dice que entré al baño, sólo quería salir corriendo de ese lugar y a alguien me dijera que todo iba a estar bien, pero no, yo decidí estar sola en el baño.

Una gota de sudor recorría mi frente, no se muy bien sí era por la falta si quiera de un abanico o simplemente era el miedo que me estremecía en ese momento.

Miles sentimientos y sensaciones me rodeaban, me sentía confundida, ese lugar era verdaderamente horrible, era espantoso.

Cuando salí del baño llego el "el carnicero" dispuesto a rebanar carne para solucionar el "problemita" con la mirada baja y movimientos calculados el me indicó donde debía acostarme y abrir mis piernas, su ayudante me quita el jean y la ropa interior, no sabía que era más frío sí el trato de ese médico o el hierro donde se ubicaban las piernas.

Sin previó aviso el médico metió sus manos en mi vagina y sentí un fuerte tirón, era insoportable el dolor, yo grite y al cerrar mis piernas, me dice agresivamente: “rápido, no me haga perder el tiempo” y me abre nuevamente con mucha brusquedad.

En ese  momento su ayudante se acerca a preguntarme cuanto tiempo tengo y a aconsejarme de cierta manera, que no lo tengo porque hacer, sino lo deseo.

  ¿Cuanto tiempo tienes?

Tres meses

 La mujer me dice al verme llorar desconsoladamente:

Pero si no quieres hacer esto, no lo hagas

No tengo otra opción, estoy sola en esto.  

El médico vuelve a tirar ahí dentro de mi y mete una aguja muy grande, quizá la más grande que he visto o más bien sentido, era la anestesia ojalá me la hubieran puesto en el alma.

Eran unas pinzas muy frías, lo recuerdo muy bien, aquel frío que me quemaba, tal cual como la mantequilla cuando se desliza en el pan. Así se resbalaban las piernas, los brazos  y todas las extremidades de Matías, como pensaba llamarlo cuando naciera, jamás olvidaré el sonido de los pedacitos de su cuerpo cayendo a un balde, un golpe seco pero a la vez jugoso. 

No duro más de 15 o 20 minutos y yo sentí que duro miles de horas, cuando este procesó físico acabo con dos desmayos, mi proceso interno apenas empezaba.

El arrepentimiento llego a mi, el dolor estaba a la orden del día, mis amigas más cercanas que sabían lo que estaba pasando no podían saber lo que yo acababa de hacer, nadie lo entendería, nadie recibiría como justificación que me deje llevar del miedo, me deje convencer, me deje persuadir y fui un blanco fácil por que mi vulnerabilidad así lo hizo. 

El odio hacia mi y hacia mí madre me cegaron completamente, solo hasta ahora puedo ver con más claridad las cosas y no juzgarla, a ella porque cometió el mismo error que yo, trato de entender porque lo hizo, quizás creyendo que era lo mejor para mi pero... El perdón no se sí algún día llegue para las dos. 



ISABELLA BERNIER LERECH

ANDREA MARTÍNEZ OLANO

BRENDA PASTRANA BULA.


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