EL CARNICERO
Sabía que lo que estaba a punto de vivir, iba a ser abrumador…
Me recibe en el lugar una mujer de unos 40 años, en ese momento sin ni
siquiera mirarme a los ojos me dice que entré al baño, sólo quería salir
corriendo de ese lugar y a alguien me dijera que todo iba a estar bien, pero
no, yo decidí estar sola en el baño.
Una gota de sudor recorría mi frente, no se muy bien sí era por la falta
si quiera de un abanico o simplemente era el miedo que me estremecía en ese
momento.
Miles sentimientos y sensaciones me rodeaban, me sentía confundida, ese lugar era verdaderamente horrible, era espantoso.
Cuando salí del baño llego el "el carnicero" dispuesto a
rebanar carne para solucionar el "problemita" con la mirada baja y
movimientos calculados el me indicó donde debía acostarme y abrir mis piernas,
su ayudante me quita el jean y la ropa interior, no sabía que era más frío sí
el trato de ese médico o el hierro donde se ubicaban las piernas.
Sin previó aviso el médico metió sus manos en mi vagina y sentí un
fuerte tirón, era insoportable el dolor, yo grite y al cerrar mis piernas, me
dice agresivamente: “rápido, no me haga perder el tiempo” y me abre nuevamente
con mucha brusquedad.
En ese momento su ayudante se acerca a preguntarme cuanto tiempo
tengo y a aconsejarme de cierta manera, que no lo tengo porque hacer, sino lo
deseo.
— ¿Cuanto tiempo tienes?
—Tres meses
La mujer me dice al verme llorar desconsoladamente:
—Pero si no quieres hacer esto, no lo hagas
—No tengo otra opción, estoy sola en
esto.
El médico vuelve a tirar ahí dentro de mi y mete una aguja muy grande,
quizá la más grande que he visto o más bien sentido, era la anestesia ojalá me
la hubieran puesto en el alma.
Eran unas pinzas muy frías, lo recuerdo muy bien, aquel frío que me
quemaba, tal cual como la mantequilla cuando se desliza en el pan. Así se
resbalaban las piernas, los brazos y todas las extremidades de
Matías, como pensaba llamarlo cuando naciera, jamás olvidaré el sonido de los
pedacitos de su cuerpo cayendo a un balde, un golpe seco pero a la vez jugoso.
No duro más de 15 o 20 minutos y yo sentí que duro miles de horas,
cuando este procesó físico acabo con dos desmayos, mi proceso interno apenas
empezaba.
El arrepentimiento llego a mi, el dolor estaba a la orden del día, mis
amigas más cercanas que sabían lo que estaba pasando no podían saber lo que yo
acababa de hacer, nadie lo entendería, nadie recibiría como justificación que
me deje llevar del miedo, me deje convencer, me deje persuadir y fui un blanco
fácil por que mi vulnerabilidad así lo hizo.
El odio hacia mi y hacia mí madre me cegaron completamente, solo hasta
ahora puedo ver con más claridad las cosas y no juzgarla, a ella porque cometió
el mismo error que yo, trato de entender porque lo hizo, quizás creyendo que
era lo mejor para mi pero... El perdón no se sí algún día llegue para las dos.
ISABELLA BERNIER LERECH
ANDREA MARTÍNEZ OLANO
BRENDA PASTRANA BULA.

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