jueves, 29 de mayo de 2014

Carmela: "la señora que tiene Sida"

Reportaje
Carmela: “la señora que tiene Sida”



Carmela Naranjo sigue siendo para los habitantes de Ciénaga de Oro toda una desconocida, cuando la ven solo dicen “la señora que tiene sida”, a ella no le ha quedado más que seguir pidiendo limosna en las calles y casas del pueblo, mientras que su marido solo hace por conseguir para satisfacer sus vicios y maltratarla.

Por: William Alberto Almanza Posada.



Ciénaga de Oro

Entre la multitud desinteresada por la gente que no tiene recursos económicos para hacer su mercado observo a “la señora que tiene sida” pidiendo limosna para comprar algo de comer. Carmela Naranjo es una mujer de piel morena, con manchas en todo el cuerpo y el rostro desgastado por la enfermedad.

En el año 2010, la señora Carmela llegó desplazada por la violencia del departamento del Atlántico al municipio de Ciénaga de Oro, Córdoba, a radicarse en el territorio que llaman comúnmente “La invasión”, donde vive con su esposo y sus cuatro hijos de siete, cinco, tres y dos años.

A los dos años de estar radicada en Ciénaga de Oro quedó en embarazo de Juan Luis (su hijo menor) quien también se encuentra contagiado de la infección de transmisión sexual, a casusa del mal cuidado de su embarazo.

La vivienda en la cual habita esta familia de invasores se encuentra construida a base de restos de tabla, algunos clavos oxidados, el techo esta hecho de palma y uno que otro pedazo de cartón. A simple vista se puede observar el mal estado de la vivienda, la poca pintura que le queda a las tablas y el piso de tierra.

Su compañero sentimental es un señor de aproximadamente 40 años, también infectado, se le nota el deterioro físico y psicológico. “Él sale a tomar y consume sustancias alucinógenas, cuando llega en ese estado me maltrata”, aseguró Carmela mientras cargaba a su hijo menor.

Carmela vive de lo poco que recoge en las calles, la mayoría de veces que se acerca a pedir una limosna para darles de comer a sus niños es discriminada por la enfermedad. “Desde que estoy aquí no he podido conseguir un trabajo, la gente me desprecia porque dicen temer a ser contagiados por mi enfermedad”, expresó con una voz entrecortada, al tiempo que trataba de recoger su cabello enredado y sucio.

Sus cuatro hijos se encuentran privados de la educación, puesto que no tienen recursos económicos para asistir a un plantel educativo. No obstante, el padre de estos menores no se preocupa por la educación y el alimento de ellos. Su única preocupación es conseguir, expender y consumir droga.

Esta humilde familia se vino desplazada desde el municipio de Soledad, Atlántico de donde fueron sacados a golpes, ultrajados y todas sus pertenencias fueron tiradas a la calle, esto desató ira, tristeza en ellos. Tanta fue la necesidad que las pocas cosas que tenían tuvieron que venderlas para poder sostenerse varios días hasta saber a dónde irían.

En medio de la tristeza y el desespero de Carmela al cargar con sus tres hijos y un mal marido tomó la decisión de vender su cuerpo al mejor postor, para así poder conseguir el dinero suficiente para trasladarse a otro lugar. “En marzo de 2010 nos vinimos en un bus que pagamos con lo poco que habíamos reunido, pero no contábamos con la suerte de que solo nos alcanzó para llegar a la Ye”, afirmó la señora Carmela.

La búsqueda de un techo para ellos y sus hijos fue inútil, pues no encontraron donde vivir. Se vieron obligados a seguir su camino pidiendo limosnas, comida y demás cosas que les fueran útiles para sostenerse. Entre chances, ruegos y malas caras lograron llegar hasta Ciénaga de Oro, municipio que se encuentra aproximadamente a 40 minutos de la capital Cordobesa. 

“Nuestro propósito era llegar a Montería pero el cuerpo ya no nos daba para más”, afirmó Carmela recordando esa travesía. Como no tenían dinero, ni conocimiento de dónde se encontraban optaron por caminar por las calles del pueblo, buscando donde quedarse y pidiendo algo de comer para los niños.

Después de varios días caminando en las calles, durmiendo en las terrazas y en las bancas del parque se fijaron en “La invasión”, sitio donde habitan familias desplazadas y de bajos recursos. Fue allí donde lograron radicarse y armar la casa en la que hoy viven.

Después de dos años de estar en Ciénaga de Oro quedó en embarazo riesgoso, lo que la obligó asistir al centro hospitalario, donde le practicaron unos estudios médicos los cuales arrojaron que la paciente Carmela Naranjo se encontraba contagiada de VIH (Sida). Dada esta circunstancia fue enviada a casa bajo recomendaciones médicas para que tanto ella como su bebé estuvieran en buenas condiciones de salud, pero no fue así. Para Carmela era el fin del mundo.

Sentía la necesidad y la urgencia de tener que contarle a su compañero sentimental la dura realidad de ser portadora de VIH por tratar de conseguir unos pesitos. “Cuando le conté la amarga noticia mi marido se perdió varios días de aquí, regresó drogado y borracho. Desató su ira y lanzó golpes contra mí”, relató Carmela. 

Al ver que la situación no mostraba mejoría, se vio obligada a pedir dinero y enseres en las casas para alimentar a sus hijos, mientras su marido solo se preocupaba por sus propios beneficios, no superaba la traición de Carmela al haber acabado con su vida por dicha enfermedad.

Carmela Naranjo sigue siendo para los habitantes de Ciénaga de Oro toda una desconocida, cuando la ven solo dicen “la señora que tiene sida”, a ella no le ha quedado más que seguir pidiendo limosna en las calles y casas del pueblo, mientras que su marido solo hace por conseguir para satisfacer sus vicios y maltratarla.


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