domingo, 25 de mayo de 2014

Del llanto a la sonrisa

La música, la fe y el perdón sanaron su corazón.

DEL LLANTO A LA SONRISA

Roberto Padilla vivió una odisea par alcanzar sus sueños y ser un hombre próspero, de bien y que aporta a su comunidad.

Por: Juan Martínez Caraballo

Se abren las puertas de la humilde morada de un  luchador por la vida y por el fortalecimiento de lo que se llama unión familiar, resaltando valores presentes y principios de disciplinas enseñados desde la antigüedad, él es Roberto Carlos Padilla Doria, un joven que con su estilo de vida nos demuestra que vale la pena vivir y avanzar hasta el final por cumplir los sueños en la vida.

Nació el 11 de marzo de 1991 en uno de los más hermosos pueblos del departamento de Córdoba en Colombia, llamado Ciénaga de oro, cuna ferviente del folclor y el porro. 

Roberto pasó terribles situaciones al ser fecundado en un hogar disfuncional en donde ambos padres tenían sus familias formadas. En este ambiente fue concebido  y sin cuidado alguno fue puesto en el hogar de la madre biológica, la que tenía por pensamiento en ese entonces que este era un hijo de desgracia y maldición para su vida.

Ella no lo quería, por ende, no le daba ninguna clase de afecto, amor y protección. El menor, después de un descuido al que fue puesto en su lugar de residencia se debatía entre la vida y la muerte, solo, tirado en una porcelana de aluminio y enfermo pudo ver en la vida una segunda oportunidad.

Su prima tenía por costumbre visitarlo todos los días debido al aprecio que sentía por él, ella al percatarse que la casa estaba cerrada con seguridad por ambas partes y escuchar el llanto despavorido de aquel niño dentro del lugar corrió y puso en marcha un plan de rescate. Fue así como logró entrar. Tomó al niño medio muerto y lo llevó al centro de salud más cercano, donde le dieron atención inmediata y pudo volver a respirar y tener aliento de vida.

El resultado de toda esta odisea para un niño abandonado y rechazado, puesto a la terrible oscuridad de la soledad y el abandono, fue el ofrecimiento que dio su prima a la madre de Roberto, que consistía en tomarlo como un miembro más de su familia y darle los cuidados necesarios para su bienestar físico, basándolo en la enseñanza de valores cristianos y practicas espirituales para fortalecer su fe, ya que ella era cristiana.

“La vida es el regalo que alegra tu alma en el momento en que esta quiere desfallecer”, comenta Roberto con su tono de voz un poco entrecortado al recordar estos episodios y sentir el dolor del pasado.

Al seguir escuchando esta historia comenta que tuvo una niñez muy diferente a la de muchos niños, ya que le tocaba estudiar con los pocos recursos que su madre putativa conseguía en diversos oficios domésticos. Sus juegos eran salir a la calle con frutas o artesanías en madera que vendía para ayudar con las necesidades del hogar, al mismo tiempo le tocó crecer y ver el estable bienestar económico de sus hermanos biológicos, los cuales en la escuela lo negaban y decían que él era un accidente.

Su madre no quería tener ninguna clase de acercamiento con él, ni mucho menos de interacción por no ser un hijo del entorno familiar, su padre fue irresponsable, nunca le ayudó en lo que necesitaba y solo vivía su vida en placeres sexuales. Llevaba una  vida desordenada, llena de amigos por dinero e intereses personales. No siendo todo esto poca cosa, a su casa en el barrio San Isidro amigos, familiares y vecinos cercanos acudieron a doña Gladys Padilla, madre de su prima quien hasta ahora es la cuidadora y responsable de él.

Le aconsejaban que lo donara a alguna familia extranjera o que simplemente lo entregara a una entidad del estado protectora de los derechos de la niñez. La señora Gladys no escuchó voces negativas sino que creyó en lo que tenía y todos los días le decía “tú serás grande, tú eres muy bueno, tienes buenas habilidades y talentos”, palabras que llenaron su alma, su espíritu y mente para tener como meta ser un campeón de sueños, explica Roberto.

A los 8 años de edad descubrió su habilidad en la música y su buena expresión artística, fue en ese entonces cuando participó en diversos festivales de música cristiana donde ocupaba los primeros lugares. Contó con la aceptación de maestros de la escuela, amigos y familiares que lo apoyaron económicamente para que nunca dejara de soñar, así creció y se desarrolló bajo la mirada inclemente de la pobreza y la necesidad

Se puede resaltar algo muy importante en todo esto, y es el alto grado de fe que trasmitieron sus padres putativos para que Roberto no decayera ante la prueba y la adversidad. Logró ser un gran líder juvenil. A los 12 años de edad ayudaba a otros a poder surgir de la pobreza, fue también personero de su institución educativa, reconocido entre los mejores por su disciplina y desempeño en lo que hacía.

Del mismo modo  Roberto ha ganado reconocimientos por bienestar familiar y organizaciones sin ánimo de lucro por sus buenas ideas y deseos de ayudar a cambiar la cara de la situación actual a nivel global.

Hoy en día Roberto pudo perdonar a sus padres, abrazarlos y ayudarlos en diversas áreas de su vida, fomentando la importancia de valorar a todas las personas por muy malas que sean; no con odios ni rencores, sino con un corazón humilde y sincero para los demás.

En medio de todo lo acontecido logró ingresar a la universidad estudiar Administración en Salud, luego a una empresa privada  y trabajar con un salario digno en donde puede ayudar a los suyos y darle lo que en algún tiempo le faltó y hoy está a su alcance.


Es importante avanzar en medio de las pruebas “no rendirse ni desfallecer, sino más bien levantar nuestra frente en alto creer en nosotros mismos y decirle al mundo y a Dios: viene mi mejor temporada”, explica Roberto con un alto grado de convicción, que nos lleva a imaginar que todo se puede lograr si nos lo proponemos. 

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