La música, la fe y el perdón sanaron su corazón.
DEL LLANTO A LA
SONRISA
Roberto Padilla vivió una odisea par alcanzar sus
sueños y ser un hombre próspero, de bien y que aporta a su comunidad.
Por: Juan Martínez Caraballo
Se abren las puertas de la humilde morada de un luchador por la vida y por el fortalecimiento
de lo que se llama unión familiar, resaltando valores presentes y principios de
disciplinas enseñados desde la antigüedad, él es Roberto Carlos Padilla Doria,
un joven que con su estilo de vida nos demuestra que vale la pena vivir y avanzar
hasta el final por cumplir los sueños en la vida.
Nació el 11 de marzo de 1991 en uno de los más
hermosos pueblos del departamento de Córdoba en Colombia, llamado Ciénaga de
oro, cuna ferviente del folclor y el porro.
Roberto pasó terribles situaciones al ser fecundado en
un hogar disfuncional en donde ambos padres tenían sus familias formadas. En
este ambiente fue concebido y sin
cuidado alguno fue puesto en el hogar de la madre biológica, la que tenía por
pensamiento en ese entonces que este era un hijo de desgracia y maldición para
su vida.
Ella no lo quería, por ende, no le daba ninguna clase
de afecto, amor y protección. El menor, después de un descuido al que fue
puesto en su lugar de residencia se debatía entre la vida y la muerte, solo,
tirado en una porcelana de aluminio y enfermo pudo ver en la vida una segunda
oportunidad.
Su prima tenía por costumbre visitarlo todos los días debido
al aprecio que sentía por él, ella al percatarse que la casa estaba cerrada con
seguridad por ambas partes y escuchar el llanto despavorido de aquel niño
dentro del lugar corrió y puso en marcha un plan de rescate. Fue así como logró entrar. Tomó al niño medio muerto y
lo llevó al centro de salud más cercano, donde le dieron atención inmediata y
pudo volver a respirar y tener aliento de vida.
El resultado de toda esta odisea para un niño
abandonado y rechazado, puesto a la terrible oscuridad de la soledad y el
abandono, fue el ofrecimiento que dio su prima a la madre de Roberto, que
consistía en tomarlo como un miembro más de su familia y darle los cuidados
necesarios para su bienestar físico, basándolo en la enseñanza de valores
cristianos y practicas espirituales para fortalecer su fe, ya que ella era
cristiana.
“La vida es el regalo que alegra tu alma en el momento
en que esta quiere desfallecer”, comenta Roberto con su tono de voz un poco
entrecortado al recordar estos episodios y sentir el dolor del pasado.
Al seguir escuchando esta historia comenta que tuvo
una niñez muy diferente a la de muchos niños, ya que le tocaba estudiar con los
pocos recursos que su madre putativa conseguía en diversos oficios domésticos. Sus juegos eran salir a la calle con frutas o
artesanías en madera que vendía para ayudar con las necesidades del hogar, al
mismo tiempo le tocó crecer y ver el estable bienestar económico de sus
hermanos biológicos, los cuales en la escuela lo negaban y decían que él era un
accidente.
Su madre no quería tener ninguna clase de acercamiento
con él, ni mucho menos de interacción por no ser un hijo del entorno familiar, su
padre fue irresponsable, nunca le ayudó en lo que necesitaba y solo vivía su
vida en placeres sexuales. Llevaba una
vida desordenada, llena de amigos por dinero e intereses personales. No
siendo todo esto poca cosa, a su casa en el barrio San Isidro amigos,
familiares y vecinos cercanos acudieron a doña Gladys Padilla, madre de su
prima quien hasta ahora es la cuidadora y responsable de él.
Le aconsejaban que lo donara a alguna familia
extranjera o que simplemente lo entregara a una entidad del estado protectora
de los derechos de la niñez. La señora Gladys no escuchó voces negativas sino que
creyó en lo que tenía y todos los días le decía “tú serás grande, tú eres muy
bueno, tienes buenas habilidades y talentos”, palabras que llenaron su alma, su
espíritu y mente para tener como meta ser un campeón de sueños, explica
Roberto.
A los 8 años de edad descubrió su habilidad en la
música y su buena expresión artística, fue en ese entonces cuando participó en
diversos festivales de música cristiana donde ocupaba los primeros lugares. Contó con la aceptación de maestros de la escuela,
amigos y familiares que lo apoyaron económicamente para que nunca dejara de
soñar, así creció y se desarrolló bajo la mirada inclemente de la pobreza y la
necesidad
Se puede resaltar algo muy importante en todo esto, y
es el alto grado de fe que trasmitieron sus padres putativos para que Roberto no
decayera ante la prueba y la adversidad. Logró ser un gran líder juvenil. A los 12 años de edad
ayudaba a otros a poder surgir de la pobreza, fue también personero de su
institución educativa, reconocido entre los mejores por su disciplina y
desempeño en lo que hacía.
Del mismo modo
Roberto ha ganado reconocimientos por bienestar familiar y
organizaciones sin ánimo de lucro por sus buenas ideas y deseos de ayudar a
cambiar la cara de la situación actual a nivel global.
Hoy en día Roberto pudo perdonar a sus padres,
abrazarlos y ayudarlos en diversas áreas de su vida, fomentando la importancia
de valorar a todas las personas por muy malas que sean; no con odios ni
rencores, sino con un corazón humilde y sincero para los demás.
En medio de todo lo acontecido logró ingresar a la
universidad estudiar Administración en Salud, luego a una empresa privada y trabajar con un salario digno en donde
puede ayudar a los suyos y darle lo que en algún tiempo le faltó y hoy está a
su alcance.
Es importante avanzar en medio de las pruebas “no
rendirse ni desfallecer, sino más bien levantar nuestra frente en alto creer en
nosotros mismos y decirle al mundo y a Dios: viene mi mejor temporada”, explica
Roberto con un alto grado de convicción, que nos lleva a imaginar que todo se
puede lograr si nos lo proponemos.
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